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“La democratización de la comunicación no es solo tarea del Gobierno, es un problema que atañe a toda la sociedad”

Entrevista del mes: Guillermo Maestrini A pocos días del 7D hablamos, en esta entrevista en profundidad, con Guillermo Mastrini, especialista en Políticas de Comunicación, investigador y docente de las Universidades de Buenos Aires, Quilmes, La Plata y Córdoba.

En una álgida coyuntura política y social, analiza el estado de los medios en Argentina y resalta la democratización que ha generado la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aunque destaca que el Gobierno no debe centrarse solamente en el artículo 161 y en el grupo Clarín.

Guillermo Mastrini ha sido uno de los gestores de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual vigente en Argentina desde 2009. El Licenciado en Comunicación y docente universitario, dialogó con CECREDA, para darnos su visión sobre el panorama de los medios de comunicación en el país y brindar su postura en el álgido debate que existe previo a lo que el Gobierno ha bautizado como el 7D. Cree que la ley es un gran avance de democratización de los medios de comunicación audiovisuales, pero observa que ha existido un retraso en la implementación de puntos centrales.

A Mastrini no le gusta la palabra “Batalla Cultural” en el campo de los medios. Prefiere ilusionarse con que se abrirán los espacios para la entrada de nuevos actores a los medios de comunicación como plantea la ley. Advierte, eso sí, que es un proceso largo y complejo y que Argentina daría un gran salto hacia una mayor pluralidad y democracia en el sistema de medios, de aplicarse todo el marco legal aprobado en 2009. Así, marca un énfasis en que la Sociedad Civil juegue también un rol fundamental en este escenario.

VM: ¿Qué diagnóstico realiza respecto a la pluralidad y diversidad en los medios argentinos?

GM: Este panorama se podría analizar desde dos perspectivas. Desde los datos duros, Argentina tiene niveles de concentración de medios muy altos en comparación con los promedios mundiales. Eso supone que a mayor concentración exista menor diversidad, aunque no sea una relación estrictamente causal, pero sí puede influir en esta gran concentración que describo. La otra perspectiva se da a partir del conflicto de la Ley de Medios de Serviciosde Comunicación Audiovisual. Por lo menos, está claro que hay dos posiciones bien reflejadas en los medios. Una de los medios contestatarios al Gobierno y otra favorable a la posición del Gobierno. En este proceso de polarización, entonces, tenemos medios masivos que en general tienden a vincularse a la oposición en gran cantidad, y otros favorables al Gobierno con menor grado de audiencia. Esas dos posiciones se ven reflejadas en el debate nacional.

VM: ¿Por qué tienen menos audiencia, bajo este panorama que usted describe, los medios estatales en desmedro de los medios privados?

GM: No solo a los medios estatales me refiero, también hay medios privados muy pro a los Gobiernos. Hay una tradición de los medios de propiedad estatal en relación a que han tenido mucho vínculo con la línea de los gobiernos y no han podido ganar una credibilidad. Por eso, distingo entre medios públicos y medios de propiedad estatal; estos últimos han predominado en Argentina. Medios que en verdad han sido prácticamente gubernamentales, en donde lo estatal sería más amplio que lo gubernamental. Es un proceso histórico que se ha construido por muchos años, no es solo de esta época. Se construyen, ahora, procesos de desinformación de los grandes medios, en donde se dice que lo gubernamental está ligado a Chávez o Kirchner, cuando es un proceso que lleva 50 años. Ahora, en otras épocas estos medios gubernamentales no discutían públicamente el discurso de los medios; hoy estos medios discuten la agenda publica de los medios privados. Antes eran más minoritarios y con menor peso. Hay una cosa, sí, que vale la pena discutir: ¿Esta es la función de los medios estatales? Probablemente no. ¿Es bueno que alguien discuta la línea de los medios oficiales? Probablemente sí.

VM: ¿Qué aspectos positivos pueden extraerse de este panorama de polarización o confrontación de ideas que usted describe?

GM: Yo creo que hay algo positivo y es que los medios se han tenido que revelar como actores políticos. Los medios siempre han sido actores, solo que antes se presentaban como actores neutros. Esta situación de ahora, los ha reflejado tal cual son: actores políticos. Se cae la máscara de la independencia y el público puede comprender o consumir de una mejor manera a los medios de comunicación. Esto es positivo. Ahora no creo tampoco en este concepto de batalla cultural, de casi guerra en tiempos de paz. Yo creo que ese discurso bélico, que a veces se presenta, no está bien.

VM: ¿Dónde queda la objetividad bajo este panorama? ¿le atribuye algún tipo de valor?

GM: No le atribuyo ningún valor a la objetividad. Históricamente, está demostrado lo contario. Una de las particularidades de América Latina, en comparación por ejemplo a Estados Unidos, es que hay una diferencia muy grande. Acá no hay profesionalización ni independencia como sí ocurre en Estados Unidos, más allá de lo que puede haber pasado, por ejemplo, con la Guerra del Golfo donde hubo una gran relación con el Gobierno. Sin embargo, existen elementos de diferenciación con la línea editorial en lo que respecta al periodismo de investigación. Acá, la prensa está fuertemente partidizada. Hay fuertes vínculos entre partidos y grupos mediáticos, históricos; hay una baja profesionalización y no hay diferenciación entre línea editorial y línea periodística. Entonces todo el mito de la prensa editorial no se corresponde con sus prácticas cotidianas históricas.

VM: ¿Ello se nota en titulares de noticias, por ejemplo, en diarios como Clarín?

GM: Es opinión y hay una confusión entre información y opinión que justamente siempre está en el límite. Se presenta como información cuando es opinión y allí se acaba con el mito de la prensa independiente.

VM: Otro ejemplo puede ser “678”. ¿Qué sucede allí con la confrontación de ideas?

GM: Acá hay una cuestión que es significativa: desde el Gobierno, para mí desafortunadamente, han dicho que es una batalla cultural y lo exponen públicamente, pero cualquiera que esté cercano a los grupos de los grandes medios, también, puede ver que hay una batalla cultural en contra del Gobierno. Ahora, ellos no plantean que están en una batalla, pero a sus periodistas los alinean en esta batalla aunque ellos no lo dicen y hablan de periodismo independiente. 

Lo desafíos de la Ley de Medios

El próximo 7D es una fecha que el Gobierno de Cristina Fernández ha considerado como clave para la ejecución en su plenitud de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, con la entrada en vigencia del artículo 161, que estipula que los grandes grupos económicos que se excedan a las licencias impuestas en la nueva regulación deban desprenderse de las señales que sobrepasen los nuevos límites. Sin duda, esto se está apreciando en una dura batalla entre el Grupo Clarín y la Casa Rosada. Mastrini cree que no es bueno hablar de batalla y que ha sido un error del Ejecutivo centrar el debate sólo en la aplicación de dicho artículo, pues piensa que para lograr el objetivo central de la nueva reglamentación, se deberían incentivar otros puntos, que van en la dirección de la creación de nuevos medios. Este aspecto, afirma, es más importante que desarticular al grupo Clarín.

VM: ¿Cuáles son los principales aspectos positivos que tiene la Ley de Medios? 

GM: Nunca una ley es perfecta, toda ley es perfectible. Partiendo de eso, hay que tener en cuenta de dónde veníamos, qué legado histórico había en materia de comunicación en Argentina. Sin duda, de mucha concentración. Teniendo en cuenta esto, la ley eleva el piso del derecho. Hay una evolución positiva en el sentido de garantizar nuevos derechos en materias comunicacionales a más ciudadanos. Ahora bien, la ley establece el piso por el cual se pueden hacer políticas. Sin embargo, una buena ley no garantiza que esas políticas se hagan en concreto.

VM: ¿Cuál es el espíritu más significativo de esta ley?

GM: Tiene un espíritu democrático que aun no se ve plenamente reflejado. El estándar de la ley es superior a la calidad de las políticas que se han implementado. Habrá que ver cómo se va construyendo una situación de mayor democracia y pluralidad. La democratización de la comunicación no es sólo tarea del Gobierno, es un problema que atañe a toda la sociedad.

VM: ¿Se está preparado para la entrada de nuevos actores a los medios como plantea la ley?

GM: Es como todo, nadie sabe andar en bicicleta cuando nace. Es un proceso que se va aprendiendo. La situación perversa es la anterior. Acá se les plantea que hagan el ejercicio y van a existir problemas, pues es complejo el sistema de medios; pero qué mejor que aprender a andar. Los medios comerciales tampoco fueron exitosos de un día para otro; tardaron mucho tiempo en consolidarse. Y, así, uno de los problemas de esta “batalla” es que todo tiene que ser inmediato, y esto es un proceso que se tiene que ir construyendo. Lo peor, sí, que no puede pasar es que no se construya nada.

VM: ¿Cuáles serían los elementos negativos que usted puede apreciar en la ley?

GM: Para cerrar los elementos positivos diría que van por: generación de derechos, un diseño institucional mas democrático que el anterior, limitación de la concentración de manera interesante y fomento de producción nacional. Sin embargo, creo que tiene dos aspectos que se aprecian como más complejos: la no regulación de la convergencia, es decir, cómo va a confluir con otros entornos, pues cada vez es más difícil aislar los medios audiovisuales del resto. También, me parece que hay demasiado voluntarismo, pues no se entiende bien cómo funciona el mercado de las industrias culturales. Hay una idealización de la forma en cómo se llevará a cabo este proceso de fomentación.

VM: ¿Cuáles son los problemas en la ejecución de la ley?

GM: Por ejemplo, ya se podría haber dado licencias a medios sin fines de lucro; en tres años prácticamente no se han dado licencias. Allí, hay un problema de ejecución de la ley. Después se verá cómo funciona, pero primero hay que dar e incentivar la adquisición de licencias.

VM: Con esta ley, ¿cómo queda Argentina en comparación a los demás países de la región?

GM: Hay que ver cómo termina de desarrollarse la historia en los próximos años. Es un mundo donde se tiende a concentrar a los mercados, con mayores capitales extranjeros. Ahora esta ley, sin duda, rompió el mito sobre que no se podía regular en materia de comunicación, pues si se hacía había una pérdida de poder político. En simple: no te metas con los medios, pues perderás las elecciones. Acá, sí se pudo establecer una regulación. Han existido muchos conflictos con los medios, y el Gobierno de igual modo, no perdió las elecciones pese a esta ley.

VM: ¿Cómo ve las críticas que surgen, por ejemplo del Grupo Clarín?

GM: El grupo Clarín equivocó, en muchas etapas, su estrategia. Muchos pensamos que este grupo estuvo convencido de que no se iba a aprobar y no tuvo una estrategia en caso de que la ley saliese. Creo que ahora ha planteado algunos recursos con relativo éxito, logrando aplazar la aplicación de un artículo. Acá, en este caso, me parece que el gobierno sí ha cometido un gran error: pensar que la ley se juega en el artículo 161. Creo que la ley se juega en todos los otros artículos. El proceso de desconcentración se puede hacer sin ese artículo, otorgando nuevas licencias. Supongamos que Clarín venda sus excedente, ellos lo harán a quién quieran venderlo y ahí me pregunto: ¿Podríamos afirmar que a partir de esa venta cambiará el sistema de medios en Argentina? Yo creo que no. El incentivo tiene que ir en la creación de otros medios.

VM: ¿Cómo ve la batalla judicial entre Clarín y el Gobierno?

GM: El grupo Clarín ha tenido muchos errores. Su presentación en la justicia, sin duda, ha sido endeble, apuntando más bien a cuestiones patrimoniales, pero no hace mención a la libertad de expresión. Me parece que el Gobierno hace bien, va al Congreso, regula. Legalmente lo está haciendo bien. El gobierno aprovecha su mayoría política y cambia una regulación. Eso es el juego de la democracia, no hay nada malo en eso.

VM: ¿Cómo ve el futuro de la implementación de la ley? 

GM: Hay que ver si Martín Sabattella, como Presidente de la AFSCA, va en la línea de que se cumpla toda la ley; ver si apunta hacia todos los artículos o se queda estancado sólo en el 161.

VM: En CECREDA nos interesa el desarrollo de Argentina desde varios puntos integrales; respecto a los medios de comunicación, ¿qué importancia le atribuye a éstos?

GM: Sin duda, hay una importancia en el plano económico, pues no es un sector marginal. Forma parte del mercado de desarrollo. Ahora, la otra cuestión de vital importancia es el rol de los medios cómo transmisores de valores simbólicos, porque ese plano es lo que permite que el desarrollo económico en otras áreas también se potencien como, por ejemplo, en la generación de identidades.

Por Víctor Hugo Moreno

Periodista Departamento de Comunicación de CECREDA

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