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Tue, Feb

¿Hacia dónde vamos?

Desde el gobierno nacional, diferentes funcionarios y hasta el mismo Presidente de la Nación, nos trasmitían la necesidad de esperar al segundo semestre del año 2016 para comenzar a divisar las mejoras necesarias que nuestra economía necesita para salir del estancamiento, que desde hace más de un año que transitamos. Ya culminó junio y los augurios no son provechosos, ya que desde hace varios días se menciona la necesidad de esperar, no un semestre, sino un año más para que nuestra economía comience a mostrar frutos, necesarios para salir de una recesión que impacta de manera directa a toda la sociedad.

La pregunta que deberíamos hacernos es ¿hacia dónde va nuestra economía? La respuesta puede interpretarse mediante las últimas medidas que se han tomado, pero lo cierto es que las diferentes variables no son muy favorables. 

Tomemos por ejemplo la actividad del sector comercial minorista, según la última encuesta de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas en el país cayeron 6.4% en lo que va del año, siempre medido sobre las cantidades de unidades vendidas. 

En lo que respecta a la inflación, el IPC Congreso determinó un aumento del 23,5% durante el 2016, mientras que otras consultoras privadas como Orlando Ferres estimó un 23,5%, el Estudio Bein un 24,5%, Analytica 24%, Elypsis 19,1%. En fin, todas por encima de lo planificado por Prat Gay, cabeza del Ministerio de Hacienda y Finanzas.

En cuanto al empleo, en comparación al mismo período del año pasado y según datos del IERIC (Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción), el sector de la construcciónsufrió un retroceso del 7,3%. Asimismo la encuesta de indicadores laborales del Ministerio de Trabajo de la Nación muestra una leve suba interanual del empleo pero si la comparamos con noviembre la baja es del 0,6%. Esto demuestra que durante el segundo semestre del año pasado se siguió creando empleo y que durante el primer semestre de este año hubo una clara destrucción de puestos de trabajo. 

En cuanto a la situación del sector productivo industrial, la situación no es diferente a la comercial, según la CAME la actividad en las PYMES industriales cayó 5,2% en mayo; acumulando una caída del 4,1% en lo que va del año. Mientras que las grandes empresas -descontando el sector oleaginoso-registraron una caída del 4.6% en el primer trimestre, según la Unión Industrial Argentina (UIA).

En cuanto a la decisión de abrir la importación desde diciembre del 2015, teniendo en cuenta como se encontraban reprimidas las mismas en cuanto a los controles existentes durante la última gestión, el resultado no ha sido positivo para la reactivación productiva en la industria nacional. En un sondeo realizado por la CAME a 300 industrias PYMES del país, el 79% aseguró que esta apertura es una amenaza para su producción, mientras que el 49.5% manifestó que en el último trimestre se han visto totalmente perjudicados, perdiendo ventas en manos de los productos importados. Asimismo el INDEC informó que las importaciones durante el primer cuatrimestre cayeron 5% frente a igual período de 2015, pero los bienes de consumo, crecieron un 6% en ese período, siendo éstos los que, claramente, afectan la producción nacional.

Las tarifas de los servicios de gas y luz han subido exorbitantemente, alcanzando aumentos del 3000% al 5000%, produciendo conflictividad y obligando al gobierno a disminuir los porcentajes al 400% para el sector residencial y 500% al sector comercial PYME, entendiendo que esta medida ha sido muy necesaria pero insuficiente sobre un proceso  de contracción que transita la actividad económica.

Por su parte, la suba del combustible y transporte público golpea de manera directa al bolsillo del asalariado, impactando al poder adquisitivo y en consecuencia a su poder de compra. La caída del salario desde octubre 2015 se fue acelerando luego de la devaluación realizada en diciembre del mismo año. El salario mínimo hoy se encuentra por debajo de los niveles del año 2006.

El Instituto de Estadística y Censos (INDEC) manifestó que el Producto Bruto Interno (PBI) cayó un 0,7% en el primer trimestre del 2016 con relación al período octubre-diciembre de 2015 y, debido a que acumula tres trimestres consecutivos de baja, la economía argentina entró en recesión.

Ante este escenario de caída en del PBI, destrucción del empleo, tarifazos y baja abrupta en el poder adquisitivo del salario, donde las variables económicas no son positivas, donde las inversiones necesarias no llegan, donde la inflación no se frena, donde no se reactiva el empleo, donde el contexto internacional es complicado con el Reino Unido afuera de la Unión Europea, impulsando la suba en las tasas de crédito  internacionales, donde China ya no crece a las tasas necesarias para dinamizar a los emergentes y donde nuestro principal socio, Brasil, atraviesa una crisis institucional y económica con consecuencia directa en nuestro comercio , las perspectivas no son muy favorables para nuestro país.

El segundo semestre ha llegado, más allá de los funcionarios, los medios de comunicación  y la muy buena intención de aquellos que manifestaron la necesidad de que este país se reactive durante el segundo semestre, se ha visto totalmente empañada con la realidad en los números de la economía  y un malestar social en la calle. La tensión comienza a crecer en el marco de la urgente resolución de los temas cotidianos que nos afectan a los argentinos, cuando los tiempos se acortan y las expectativas decrecen.

Necesitamos saber hacia dónde vamos, pero con estos indicadores el rumbo es hacia el abismo.

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