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Wed, Jul

La actual gestión encaró sus políticas económicas bajo la consigna del “sinceramiento económico”, la cual no significa otra cosa que aplicar diferentes políticas liberales que logren equilibrar y estabilizar las variables macroeconómicas por medio de mecanismos de mercado. Ello bajo el preconcepto de que así se darán señales claras y de seguridad del buen funcionamiento de la economía, a fin de lograr cautivar inversiones (tanto nacionales como extranjeras) y generar un proceso de crecimiento sostenido y empleos de calidad.

Finalmente, el 7 de diciembre la legislatura porteña aprobó el proyecto que sanciona el llamado “acoso callejero” con trabajo de utilidad pública y multas que van de los 200 a los 1000 pesos. Concluye otro año intenso en materia de género: de profundo debate, de atroces noticias, de aguda crítica y vivo reclamo. Así, durante el año que acaba, hemos asistido a la notable visibilización y verbalización de una problemática arrastrada por siglos.

Cuando algunos sistemas socio-económicos provocan daños psicofísicos irreversibles. Envueltas en un sinfín de eufemismos, tales como: “números sensibles”; “deslizamiento”; “sinceramiento”; “poblaciones vulnerables”,” etc., se intenta ocultar lo duro de una política socio-económica que cuanto más se profundiza, más daños irreversibles provoca.

Ha ingresado en Comisiones y en Cámara de Diputados el Proyecto de Ley de Reforma del Mercado de Capitales. Principalmente busca modificar leyes como la 26.831 de Mercado de Capitales sancionada en 2012; la Ley de Fondos Comunes de Inversión y la Ley de Obligaciones Negociables, entre otras.

Un poco de historia. El estado actual en el que se encuentra el proceso de acumulación capitalista se caracteriza fuertemente por una nueva división internacional del trabajo, donde se rompe aquella dualidad entre países exportadores de manufacturas y países exportadores de materia prima, y se crea una red internacional más compleja de entramados industriales.

Las similitudes que podemos fijar entre EE.UU. y Argentina en términos de las elecciones son preocupantes y mucho más si esta cuestión pasa a ser global, por lo menos en países que poseen sistemas democráticos de gobierno. 

Diversas variables muestran que con las nuevas políticas en marcha el país se encuentra más expuesto a turbulencias externas, aunque mejoró su capacidad de implementar políticas contracíclicas. Luego de la crisis de inicios de siglo la Argentina experimentó un proceso de fuerte crecimiento, reflejo parcial del auge de los precios internacionales de las materias primas, con resultados positivos en la cuenta corriente de la balanza de pagos, lo que implicó cierto ahorro de dólares.

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