Economía

El que apuesta al dólar… ¿gana?

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Como en buena parte de la historia reciente de la Argentina, la cotización del dólar vuelve a estar en la agenda pública. Una de las afirmaciones que se suelen realizar, y no se suelen discutir, es la conveniencia de acumular dólares como una efectiva medida de ahorro. En esta nota se tratará de poner en discusión está afirmación y su relación con otros indicadores de los últimos años.

 

Desde principios de este año en nuestro país  ha vuelto a ser tema de agenda pública un asunto que parece condenado a ser recurrente en la historia de los argentinos: la cotización del dólar.

Ya suficiente se ha escrito y hablado de la obsesión con la que parecen contar los habitantes de nuestro país con la moneda norteamericana. Se ha mencionado que la cantidad de dólares por habitante en Argentina sólo es superada por los países que la tienen como moneda oficial de intercambio. Por supuesto, esto no significa que una parte significativa de la población acumule la divisa, ya que el porcentaje que lo hace es relativamente pequeño, pero aun así es mayor que en otros Estados. De todas formas, sirve para tener una idea de la relevancia que ha tomado.

En los análisis que se realizan se suele dar por sentado que el dólar es una buena forma de ahorro para mantener el poder adquisitivo. Por supuesto que para quienes operan con grandes sumas y son responsables de las corridas que se pueden realizar contra el peso, la moneda extranjera es un buen negocio, no ya como modalidad de ahorro, sino como medio de especulación, comprando y vendiendo de acuerdo a la cotización del día. Cotización, por otra parte, manejada cuando les es posible por los mismos actores, con lo que el negocio se vuelve redondo.

En este artículo no se discutirá la autoridad que tiene un Estado Nacional para limitar o regular el consumo de un determinado producto (una moneda extranjera no deja de serlo), debido a que es una potestad que debería estar fuera de discusión. Mucho menos se discutirá el, cuándo menos  llamativo, reclamo sobre la pérdida de libertad que esto acarrea. Cuando alguien supone que regular la compra de un determinado bien es un atentado contra la libertad individual, no se puede menos que dudar del concepto de libertad que dicha persona posee.

Lo que este artículo va a intentar poner es la idea que se mantiene por fuerza de costumbre y que dice que el dólar es conveniente como modalidad de ahorro para lo que se suele denominar  “gente de a pie”, es decir, el ciudadano común.

Para realizarlo, llevaremos adelante  un pequeño ejercicio.

Conviene recordar que, después de 12 años de convertibilidad, a principios de 2002 el precio del dólar se vio fuertemente incrementado respecto al peso, situación esperable para el caso. Durante ese año, la cotización promedio se ubicó alrededor de $3,50. Para principios de 2003, incluso la cotización bajó.  A comienzos de 2012, apareció el fenómeno conocido como dólar “blue” o “gris” o “black”, “paralelo” o sencillamente, ilegal. A comienzos de ese año el mercado ilegal lo cotizaba a $4,475 y al finalizar a $6,80. Al día de la fecha, su precio ronda entre $9 y $9,30. Para realizar el análisis se considerará esta cotización, no por ser representativa, sino que al ser la más alta, debería ser la más conveniente en caso de querer ahorrar en dicha moneda.

A simple vista pareciese entonces, que el acumular dólares es un buen negocio. Por supuesto que no se hace referencia a las diversas operaciones financieras que se pueden hacer con esa o cualquier otra divisa, sino a lo que se suele llamar como “guardar bajo el colchón”. Entre 2002 y finales de 2012 la cotización aumentó un 94%. Entre 2002 y la actualidad, el incremento fue de 165%.

En principio se reforzaría la idea de la conveniencia de acaparar dólares. ¿Pero que pasa si se comparan estos datos con otros de la economía real?

En 2002 el salario mínimo se ubicaba en $200. Actualmente asciende a  $ 3300, es decir un incremento de 1550%, nueve veces mayor que el del dólar ilegal. Por supuesto esto no incluye a quienes sufren el trabajo no registrado, pero da una clara pauta de la situación. Además, no habría motivos para suponer que en los últimos años la diferencia salarial entre empleados registrados y no registrados hubiera aumentado. Por otro lado, la Argentina cuenta con una masa de asalariados mucho mayor, debido a la marcada disminución de la tasa de desempleo.

Otro tanto ocurre con las jubilaciones. La jubilación mínima pasó de $150 a $2477 entre 2002 y 2013. Se traduce en un incremento de 1551% en 11 años, muy por delante del aumento del dólar, se lo mida como se lo mida. De igual manera que con los salarios, no se debe obviar que el número de beneficiarios de jubilaciones y pensiones se incrementó fuertemente en los últimos años producto de las políticas públicas que permitieron, por ejemplo, que aquellos empleados no registrados, y que por consecuencia no tuvieron aportes, pudieran tener acceso a la jubilación que merecían. Esta situación es reconocida y reivindicada incluso por miembros de los partidos políticos de oposición, por lo menos los más racionales.

Con respecto al costo de vida, según el portal Infobae  -el cuál difícilmente se pueda considerar oficialista – la inflación entre 2003 y marzo de 2013 ronda alrededor de 275%. El dólar ilegal aumentó un 165%. Por otra lado, la fundación Pensar, Think Tank del PRO y del pensamiento liberal en general, estima que entre 2006 y 2013 el incremento fue del 289%. En el mismo período, la variación del dólar fue del 200% (y la del salario mínimo del 312,5% para más datos).Ni siquiera tomando en cuenta estos datos, brindados por sectores claramente opositores, el dólar sale ganando (y la inflación pierde con el aumento de salarios). Para otro momento quedará la crítica a la seriedad  que pueden tener mediciones de inflación realizadas por organizaciones que no cuentan con los recursos o la infraestructura necesarios, incluso en el caso del indicador llamado “IPC del Congreso”.

Como se ha visto, la idea instalada en el sentido común de que es conveniente tener dólares, no resiste un análisis, no ya minucioso, siquiera superficial. En general las ideas de sentido común se mantienen por costumbre. Situaciones que en un momento pudieron ser ciertas, se mantienen por el simple hecho de no ser contrastadas con la realidad, lo que permitiría su refutación. En este aspecto, nuestro país ha sufrido procesos devaluatorios fuertes y traumáticos, que, probablemente, hayan colaborado para que estas ideas se mantuvieran a través del tiempo. Con el dinero que no se deriva a consumo es mucho más conveniente orientarlo a las diversas formas de inversión, financiera o productiva, antes que guardarlo bajo la moneda estadounidense.

Ya se ha dicho en más de una oportunidad que el mercado del dólar ilegal cuenta con operaciones limitadas. Y es claro además que la apuesta al dólar solo favorece a los grupos concentrados que son el origen de las corridas de este tipo y sus únicos beneficiarios, ya que provocan un traslado de recursos hacia ellos. El ciudadano común que quiera comprar dólares como medida de ahorro, va a llegar tarde a la supuesta fiesta, cuando la corrida ya se ha realizado y el supuesto ahorro se transforma en pérdida.

Cristian Silva
Analista de Cecreda

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