Análisis y Desarrollo Político

Reconstruyendo la ciudadanía participativa a partir del Presupuesto Participativo (segunda parte)

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El rol del Referente Barrial como mediador en el proceso de construcción social del Estado Municipal. Definir “referente barrial” es una tarea difícil ya que no existe una única definición. Lo que sí pueden establecerse son líneas orientativas e interpretativas desde los imaginarios sociales colectivos que se tienen sobre ellos.

Puede adelantarse que se trata de líderes, caracterizados por su carisma y acción social dentro de un barrio.  Son aquellos que se preocupan por el barrio, por sus vecinos; son facilitadores de intercambios y favores entre los funcionarios públicos y el ciudadano. Se definen como los que verdadera y únicamente conocen a su barrio.

Javier Auyero, sociólogo y especialista estudios urbanos, los interpreta como mediadores políticos locales que dramatizan actos basados en redes informales existentes con anterioridad a la manifestación pública y representaciones culturales compartidas. Éstos controlan los recursos materiales y simbólicos. En cuanto a los ciudadanos, en el acto clientelar, los define como “clientes”: “Aquellos que supuestamente ´fueron por una bolsa de mercadería´ comparten una categoría y una red de relaciones, y reivindican una identidad común, aunque multifacética.” De hecho, Auyero sustituye el término “clientelismo político” por “mediación política” en la que los punteros o referentes políticos accionan dentro de una red de resolución de problemas. 

Siguiendo esta línea, decir referente o puntero es hablar de lo mismo, aunque en el sentido común esto difiere. Los medios de comunicación masivos son grandes creadores de imaginarios y representaciones sociales y construyen conceptualizaciones en torno a los referentes barriales. Una buena manera de enfocar el rol de estos medios y su poder es a través de las palabras de Enrique Bollati: “En realidad el puntero es aquel referente en el barrio, el nexo que funcionaba entre la gente y los políticos, antes de que llegaran los medios en forma de ´Dios´. Sobre fines de los ´80 empieza la campaña en contra de los punteros, torpemente la clase política se pone en contra de estos referentes. Y empiezan a desaparecer este tipo de dirigentes que era el nexo con la gente. Independientemente que hubiera -como ha habido- arreglos espurios. Si los punteros no median política, ¿quién media política? Los medios. (…) Entonces perdió la gente la capacidad de autogestionar sus demandas y se concentró en pocas manos, la de los medios masivos.” 

Siguiendo estas conceptualizaciones y apoyándonos en que el referente o puntero barrial es quien en verdad conoce el barrio y sus necesidades, el Estado Municipal no puede hacer oídos sordos a esto, todo lo contrario, nunca debe dejar de considerarlo cuando se trata de ejecutar políticas públicas que involucren la participación activa de los ciudadanos en su conjunto. Un claro ejemplo, y continuando con la nota “Reconstruyendo Ciudadanía Participativa: el Presupuesto Participativo” (primera parte), destaca cuando en la ejecución de esta política pública se involucró al referente barrial dentro la estrategia de comunicación para difundir y, principalmente, sensibilizar a la comunidad con el objetivo de lograr su mayor participación de manera activa. Fue una estrategia con verdadero éxito, debido a que el vecino confía en este referente, porque es su vecino, porque lo conoce, porque le golpea la puerta a horas de la madrugada ante una necesidad o urgencia y él siempre está, porque lo siente propio de su territorio, porque comparten los mismos imaginarios sociales, y porque les han dado respuestas concretas en situaciones críticas.

Hay algo que no se puede escapar cuando se trata de estos actores, y es la diputa por el poder, lo cual quedó evidenciado en el marco de las entrevistas mantenidas con ellos cuando se les preguntaba por sus apreciaciones sobre el Presupuesto Participativo y sus consecuencias directas en el barrio. Todos coincidían en manifestar añoranza sobre las juntas vecinales que habían sido sustituidas por esta política pública. Con aquellas juntas, ellos mismos eran quienes manejaban los tiempos y el dinero. De hecho, el Estado sólo intervenía brindándoles aquello que era solicitado a partir de estos encuentros de vecinos, entre otras cosas, permisos para cortar el tránsito, audios o determinados seguros para realizar algún evento con el fin de recaudar fondos para cubrir una necesidad específica. Es decir, su intervención pasaba por un apoyo logístico o legal. Tal vez, con estas acciones, lograban recaudar una tercera parte de lo que el Presupuesto Participativo otorga a los proyectos ganadores presentados por los mismos vecinos. La cuestión no estaba en que se había perdido este nexo o respuesta directa por parte de las autoridades municipales ante la demanda de un referente barrial por fuera del PP, todo lo contrario, ellos mismos manifestaban que continuaban teniendo acceso directo al Municipio. El tema era otro: ya no se trataba de un proceso de demanda-respuesta verticalista sino que, ahora, con el PP, era un proceso conjunto en el que el emisor y el receptor se presentan en una línea horizontal. 

Con esta política pública, todos los vecinos se dirigen directamente al municipio y el presupuesto destinado a todos los proyectos ganadores es manejado por el Estado o por una institución u organización sin fines de lucro. Por otro lado, con las juntas, los vecinos participan ante necesidades puntuales que suelen surgir en el barrio. En cambio, con el PP, se establece un objetivo más amplio que es el de participar y destinar eficientemente el presupuesto municipal. A su vez, al tratarse de zonas que involucraban a más de un barrio, los vecinos comienzan a conocer otras necesidades y, como ya ha sucedido, terminan solidarizándose, ya que detectan la existencia de otras necesidades más urgentes que las propias. Esto fue algo no estipulado y que, sin embargo, sucedió, lo cual fue una de las consecuencias más importantes en términos sociales, más allá de lograr la ejecución de proyectos presentados por los propios vecinos. Así mismo, es importante mencionar que una de las decisiones por lo que se sustituyeron las juntas era porque se estaban disolviendo y sólo quedaban activas tres de ellas (parte de esta consecuencia fue también a causa de la ausencia de acciones del Estado para evitar esa disolución). Es importante establecer que si bien los referentes querían que volvieran las juntas vecinales, no pretendían la desaparición del PP, sino más bien que funcionara de manera simultánea.

La cuestión es que esta política pública trajo consigo la evidencia de que el poder siempre se encuentra presente en todas las acciones, no sólo entre referente barrial-municipio, sino también entre los mismos ciudadanos. El PP implica un cambio cultural y, como se conoce, esto implica siempre resistencia por parte de todos los actores involucrados.

Lo importante a tener en cuenta respecto a los referentes o punteros barriales, es que a lo largo de los años y los diferentes procesos políticos, sociales, económicos y culturales, siempre fueron y serán clave para que el ciudadano logre cubrir sus necesidades específicas, tanto a nivel individual como en su conjunto. El Estado debe entenderlos como actores fundamentales y quienes pueden lograr hacer la diferencia para el éxito en la ejecución de políticas públicas específicas, como lo es en este caso, el PP. El Estado municipal necesita a los referentes y viceversa. La articulación y el diálogo debe ser la mejor opción cuando se trata de políticas participativas y, en base a ello, lograr la reconstrucción de una ciudadanía involucrada frente a la cosa pública. De ser así, ambos consiguen concretar sus objetivos.

Lic. Natalia Mentil
Analista de Cecreda

 

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