Economía

RETENCIONES: “Efecto Social-Productivo en la Redistribución de la Riqueza”

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En las últimas semanas varios precandidatos opositores al Gobierno y a las ideas del proyecto nacional político de los últimos años, vienen expresando sus intenciones de que si llegan a la Presidencia en las próximas elecciones, reducirán o eliminarán las retenciones agropecuarias de exportación, especialmente a granos, cereales y carnes.

 

Por un lado, más allá de la cifra que estas palabras representarían o de donde se obtendría el dinero para reemplazar estos ingresos, en caso de concretarse serían aproximadamente entre $ 90.000 y $ 100.000 Millones  anuales de menor recaudación por parte de la AFIP.Por otro lado, más alláde que las declaraciones tendrían la intención de acercar y cooptar a diversos grupos del sector agropecuario;lo importante es entender el porqué de las retenciones a la exportación de productos del campo.

Por estos motivos, a continuación se explicará en detalle diversas cuestiones para poder comprender las causas y consecuencias de la aplicación de los derechos de exportación, no sólo sus efectos económicos y políticos, sino principalmente sociales.

Los derechos de exportaciones son comúnmente llamados en nuestro país como retenciones. En cierta forma y desde la mirada del comercializador, constituyen un tipo de impuesto de los antiguamente denominados por algunos tributaristas como indirectos, que gravan la operación comercial de exportación. Por esto, desde el punto de vista del hecho gravado y las circunstancias de su aplicación, es asimilable a un impuesto a las ventas.

En la Argentina existe una gran cantidad de productos directamente afectados con derechos de exportación, entre ellos se destacan: cereales, oleaginosas (dentro de este tipo sobresale la soja y sus derivados ), forestales, productos de origen animal como la carne vacuna y lácteos, hidrocarburos y biocombustibles.

Las “retenciones agropecuarias” fueron implementadas en el 2002; producto del acuerdo entre el Presidente Eduardo Duhalde y la “Mesa de Diálogo Argentino”   para afrontar la pobreza a la que se había llegado allá por el 2001. Durante la década del ´90 las retenciones habían sido eliminadas por el Gobierno de Carlos S. Menem.

Desde el punto de vista económico, la carga impositiva puede traspasarse al comprador sólo cuando el poder de fijación del precio de mercado está en el oferente. En este sentido y con relación a los derechos de exportación, debe introducirse una perspectiva diferente entre commodities y alimentos procesados. Los commodities tienen la característica común y universal de tener precios conocidos y transparentes en las transacciones internacionales, por esto, al ser la retención un gravamen nacional, el exportador argentino no está en condiciones de alterar el precio mundial (ya que es tomador del precio) y debe absorberlo en sus costos o en su ganancia o, como resulta el caso tradicional, trasladarlo hacia atrás en la cadena productiva, con cuyos sucesivos traspasos en los que se replican condiciones de poder comercial de comprador y vendedor, concluye recayendo sobre el ingreso del productor primario (y en otra esfera, en el consumidor nacional). En el caso de nuestro país, comúnmente los más afectados son los pequeños y medianos productores (producto de la “Concentración de Exportadores Agropecuarios”; se estima que en 1994 el 90% de las toneladas exportadas se circunscribía a 15 empresas, mientras que en 2008 el mismo porcentaje fue exportado por tan sólo 8 empresas).

Para paliar esta situación, en marzo pasado el Gobierno decidió crear un fondo de aproximadamente $ 2.500 Millones con el 4,1% de las retenciones a los granos para devolver parte de este tributo a los pequeños productores (de hasta 700 toneladas). La medida, anunciada alcanzaría a cerca de unos 46.100 productores de soja, maíz, trigo y girasol, que representan el 70% de los productores en el país y que generan, con esa escala productiva, el 12% de la producción. Estas cifras dan nota de la concentración del sector.

La implementación de derechos de exportación o retenciones genera un tipo de cambio diferente para el sector exportador, es decir un nivel inferior al oficial. Es así que estas medidas permiten establecer tipos de cambio diferenciales, manteniendo por un lado un nivel de rentabilidad menor para un sector (agro) que obtiene rentas extraordinarias y por otro, protegiendo el sector industrial con una productividad menor debido a sus costos, su mercado y su necesidad de insumos importados. Asimismo el cobro de derechos de exportación permite al Estado Nacional incrementar su recaudación contribuyendo al crecimiento económico y las arcas fiscales.

En la experiencia mundial, distintos países han adoptado la política de gravar sus exportaciones como modo de proteger el mercado interno. Además de Argentina, Rusia aumentó los aranceles a la exportación de cereales (centeno, cebada y trigo) del 10% al 40% (en Enero de 2008) con el “objeto asegurarse suficientes reservas de granos en el mercado doméstico y evitar tensiones inflacionarias en los alimentos”. Además, Kazajstán y Ucrania también resolvieron aumentar las restricciones a sus exportaciones de cereales. Otros países han sido; Uganda (para el aceite de palma) y, en un orden de menor urgencia alimentaria, Colombia (café) y Costa Rica (banana). México lo aplicó temporariamente para contener el alza de precio de la “tortilla” y China lo hizo desde principios de 2008 para algunos productos.

Las retenciones a diferentes exportaciones del sector agropecuario (principalmente soja y sus derivados) son útiles por un efecto fiscal (mayor recaudación) y por desvincular los precios internos de los alimentos exportables de los precios externos (el precio internacional de la soja ha crecido considerablemente en la última década). Sin embargo, el beneficio adicional de las retenciones como instrumento de política económica es también el de establecer tipos de cambios diferenciales, los cuales propician la competitividad de la producción interna sujeta a la competencia internacional. Es decir, las retenciones compensarían (al menos parcialmente) los efectos de la estructura productiva desequilibrada, permitiendo tener un tipo de cambio más alto para la industria (sector de menor productividad) y uno más bajo para el agro (competitivo internacionalmente). De esta forma se buscaría maximizar la competitividad de toda la producción nacional, con un nivel de retenciones que tome en cuenta los cambios permanentes en las condiciones determinantes de costos.

Dentro de este sentido, es importante comprender que la fijación de un tipo de cambio elevado y la “retención” de las rentas extraordinarias, generado hacia algunos rubros no es un mero recurso fiscal transitorio del Estado, sino un mecanismo de asignación de recursos para lograr un desarrollo económico óptimo con mayor equilibrio e inclusión social.

En resumen, la aplicación de retenciones ha otorgado un incremento en la recaudación fiscal permitiendo superávit (contribuyendo a la expansión del gasto público y del producto). Asimismo su implementación produce una contención al ingreso de dólares en la economía que durante el período 2003-2012 de precios de commodities altos, hubiera generado un exceso de oferta que hubiera abaratado el valor del dólar (en esto también juega un papel primordial el Banco Central de la República Argentina), rompiendo con el tipo de cambio alto en perjuicio del sector industrial (y también en parte del agropecuario). Además, las retenciones contribuyeron a reducir el precio interno de los alimentos y, por tanto, a mantener un salario con poder adquisitivo creciente. 

Por lo expuesto, la aplicación de retenciones tiene un fin principalmente social y redistribuidor de la riqueza, más a allá del económico. Se observa claramente que la recaudación producto de los derechos de exportación representa algo más del 7% del total, por lo que su reducción o quita no sería una reducción significativa para el Estado Nacional en relación al total. La clave en las retenciones se encuentra en su rol social al equiparar y proteger los precios internos con el poder adquisitivo, y en su rol productivo, al equilibrar los desequilibrios relativos y de competitividad que se mantienen entre el agro y la industria.

Mariano Uccellatore

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